Título: Desde el jardín
Autor: Jeryz Kosinski
Editorial: Anagrama
Páginas: 160
Año de publicación: 1989
Precio: 6,99 euros
"Mr. Chance ha vivido apartado del mundo toda su vida y
un día tiene que enfrentarse a él. Kosinski construyó un relato
sin final aparente, pero con una clara moraleja implícita sobre la
simplicidad de aquellos que detentan el poder.
Chance es capaz no
sólo de sobrevivir, si no de llegar a las más altas esferas de la
sociedad hablando de lo único que conoce, su jardín, un discurso que se
toma por metafórico y dotado de gran sapiencia por empresarios,
políticos, medios de comunicación... Lo mejor de todo es que no media
maldad ni engaño por parte de Mr. Chance, el sólo se muestra como es y
los demás simplemente, lo ven como desean que fuese."
Novelita que se lee de forma rápida, en un ratito. Si bien es cierto que la trama puede considerarse rayando en lo absurdo (quién puede realmente creer que alguien puede vivir en la más absoluta ignorancia del mundo durante toda una vida... por ejemplo), la lectura entre líneas es de lo más interesante. Chance alcanzará las más altas esferas de la sociedad con toda su inocencia, no haciéndose pasar por alguien que no es. Más bien al contrario, serán los demás los que vean en él a alquien que no es realmente. Y bajo todo esto, una crítica mordaz a la simplicidad de aquellos que detentan el poder, y a la falta de crítica (y autocrítica) en la sociedad en general.
Sin ser un novelón desde mi punto de vista (el final es demasiado abierto y la trama es, para mi, demasiado absurda) se lee en un ratito y da que pensar. Así que, por qué no pasar un rato en compañía de este personaje (del que todavía no sé si me produce ternura o rechazo...)
Mi puntuación: 6,5 / 10
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domingo, 30 de diciembre de 2012
domingo, 12 de febrero de 2012
La estepa infinita. Esther Hautzig
Título: La estepa infinita
Autor: Esther Hautzig
Editorial: Salamandra
Páginas: 252
Año de publicación: 1968 (esta edición: 2008)
Precio: 8 euros (en bolsillo)
Precioso libro autobiográfico en el que Esther Hautzig narra su experiencia al ser deportada a Siberia desde Polonia junto a sus padres y su abuela durante la Segunda Guerra Mundial.
He leído bastantes libros relacionados con esta etapa de la Historia, pero hasta ahora nunca había tenido entre mis manos nada relacionado con las deportaciones de judíos a Siberia y sobre la vida en los gulags. Cuando comienzas a leer un libro así sabes de antemano que, inevitablemente, vas a enfrentarte a una historia dura. Yo veo la palabra Siberia y de forma automática lo relaciono con frío y más frío, soledad, y la más absoluta de las nadas. Así que, desde luego, no esperaba precisamente un canto al optimismo. Y sin embargo, Esther, con su mirada infantil nos muestra cómo el ser humano es capaz de adaptarse a las condiciones más difíciles, de superar las dificultades e, incluso, de hacerlo con sentido del humor.
Esther dibuja un panorama desolador, lleno de un frío helador, tormentas de nieve impensables y hambre, mucha hambre. Y sin embargo, logra difuminar de tal manera el dolor que casi casi lo deja entre líneas. No se recrea en las condiciones penosas sino para contar cómo les hacían frente. De hecho, para una niña de su edad (asistimos a su infancia-adolescencia desde los diez hasta los quince años) el hecho que acaba convirtiéndose en vital es el de sentirse aceptada como una más. Impresionante el optimismo que derrocha y la lección de vida para cualquier persona que lo lea.
La verdad es que, tal y como lo narra Esther, llegas a pensar que dentro de todas las barbaridades que hicieron con los judíos durante la guerra, la de enviarles a Siberia no es, ni de lejos, la más atroz (siendo terrible, por supuesto). Aunque, desde luego, este hecho tiene que ver directamente con la forma de afrontarlo de la niña y su familia. En el pequeño pueblo de Rubtsovsk, los judíos deportados gozaban de una relativa libertad. Las familias que habían conseguido no ser separadas, podían vivir en el pueblo, tener un trabajo por el que cobraban unos pocos rublos, negociar y comprar en el mercado semanal y los niños, incluso, ir al colegio. Todo ello sin una vigilancia estrecha porque, de todos modos ¿cómo iban a huir de Siberia?
Un libro duro, inevitablemente por la historia que cuenta. Pero también precioso por las ganas de vivir que transmite y por un optimismo y un sentido del humor que muchos lo querríamos para nosotros.
Mi puntuación: 8,5 / 10
Quería también poner un pequeño trocito que me ha emocionado (pág. 214 de la edición de bolsillo). Esther está perdida en medio de la estepa durante una terrible tormenta:
"De pronto, el viento me trajo un nuevo sonido muy apagado: el sonido de mi nombre: "Esther... Esther...", parecía decir. Creí que me estaba volviendo loca. Si la gente podía llegar a enloquecer en el desierto, desde luego también podía hacerlo en medio de semejante tormenta....
- Esther... Esther......
Y luego oí algo más. No entendí las palabras.
Enloquecida o no, me dirigí hacia aquel sonido que se repetía sin cesar. Si daba un paso que me alejara de él, lo desandaba y corregía el rumbo.
Esther... Esther...
Y luego:
- Sh'mah Israel...
Con las últimas fuerzas que me quedaban, me obligué a seguir en aquella dirección.
En medio del negro remolino, divisé una figura.
- Sh'mah Israel...
Oye, oh Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno.
Me desplomé enlos brazos de mi madre.
No había ninguna duda. Me había salvado la vida.
En medio del camino, a unos cuantos metros de nuestra choza, arriesgando su vida y sabiendo que yo estaba allí fuera, se había convertido en un haz de luz y me había encaminado a casa con la misma seguridad con que un poderoso reflector orienta a un avión extraviado.
Sh'mah Israel."
Autor: Esther Hautzig
Editorial: Salamandra
Páginas: 252
Año de publicación: 1968 (esta edición: 2008)
Precio: 8 euros (en bolsillo)
Precioso libro autobiográfico en el que Esther Hautzig narra su experiencia al ser deportada a Siberia desde Polonia junto a sus padres y su abuela durante la Segunda Guerra Mundial.
He leído bastantes libros relacionados con esta etapa de la Historia, pero hasta ahora nunca había tenido entre mis manos nada relacionado con las deportaciones de judíos a Siberia y sobre la vida en los gulags. Cuando comienzas a leer un libro así sabes de antemano que, inevitablemente, vas a enfrentarte a una historia dura. Yo veo la palabra Siberia y de forma automática lo relaciono con frío y más frío, soledad, y la más absoluta de las nadas. Así que, desde luego, no esperaba precisamente un canto al optimismo. Y sin embargo, Esther, con su mirada infantil nos muestra cómo el ser humano es capaz de adaptarse a las condiciones más difíciles, de superar las dificultades e, incluso, de hacerlo con sentido del humor.
Esther dibuja un panorama desolador, lleno de un frío helador, tormentas de nieve impensables y hambre, mucha hambre. Y sin embargo, logra difuminar de tal manera el dolor que casi casi lo deja entre líneas. No se recrea en las condiciones penosas sino para contar cómo les hacían frente. De hecho, para una niña de su edad (asistimos a su infancia-adolescencia desde los diez hasta los quince años) el hecho que acaba convirtiéndose en vital es el de sentirse aceptada como una más. Impresionante el optimismo que derrocha y la lección de vida para cualquier persona que lo lea.
La verdad es que, tal y como lo narra Esther, llegas a pensar que dentro de todas las barbaridades que hicieron con los judíos durante la guerra, la de enviarles a Siberia no es, ni de lejos, la más atroz (siendo terrible, por supuesto). Aunque, desde luego, este hecho tiene que ver directamente con la forma de afrontarlo de la niña y su familia. En el pequeño pueblo de Rubtsovsk, los judíos deportados gozaban de una relativa libertad. Las familias que habían conseguido no ser separadas, podían vivir en el pueblo, tener un trabajo por el que cobraban unos pocos rublos, negociar y comprar en el mercado semanal y los niños, incluso, ir al colegio. Todo ello sin una vigilancia estrecha porque, de todos modos ¿cómo iban a huir de Siberia?
Un libro duro, inevitablemente por la historia que cuenta. Pero también precioso por las ganas de vivir que transmite y por un optimismo y un sentido del humor que muchos lo querríamos para nosotros.
Mi puntuación: 8,5 / 10
Quería también poner un pequeño trocito que me ha emocionado (pág. 214 de la edición de bolsillo). Esther está perdida en medio de la estepa durante una terrible tormenta:
"De pronto, el viento me trajo un nuevo sonido muy apagado: el sonido de mi nombre: "Esther... Esther...", parecía decir. Creí que me estaba volviendo loca. Si la gente podía llegar a enloquecer en el desierto, desde luego también podía hacerlo en medio de semejante tormenta....
- Esther... Esther......
Y luego oí algo más. No entendí las palabras.
Enloquecida o no, me dirigí hacia aquel sonido que se repetía sin cesar. Si daba un paso que me alejara de él, lo desandaba y corregía el rumbo.
Esther... Esther...
Y luego:
- Sh'mah Israel...
Con las últimas fuerzas que me quedaban, me obligué a seguir en aquella dirección.
En medio del negro remolino, divisé una figura.
- Sh'mah Israel...
Oye, oh Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno.
Me desplomé enlos brazos de mi madre.
No había ninguna duda. Me había salvado la vida.
En medio del camino, a unos cuantos metros de nuestra choza, arriesgando su vida y sabiendo que yo estaba allí fuera, se había convertido en un haz de luz y me había encaminado a casa con la misma seguridad con que un poderoso reflector orienta a un avión extraviado.
Sh'mah Israel."
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